Voy a contaros un poco por encima cómo eran o han sido los profesores que he tenido a lo largo de los años. Empezaremos desde mi más tierna infancia y culminaremos esta breve exposición con los profesores del ciclo formativo
Preescolar:
¿Qué duda cabe? En este apartado gana por goleada mi primera profesora: Mª Jesús, probablemente la profesora que recuerde con más cariño por aquello de ser la primera de la lista. Era la encargada de entretenerme durante unas pocas horas al día y también se encargó de inculcar valores como la amistad o confianza en mí (aunque yo no me diese cuenta de ello). En el recuerdo quedarán frases como "cremallera y doble candado" para que todos permaneciésemos calladitos, la cartilla de Micho; donde aprendimos las cosas más básicas o el juego de quedarsetotalmente quietos. Posteriormente me contó mi madre que pasé cerca de un mes llorando todos los días cuando ella me dejaba con Mª Jesús. Luego descubrí que estaba mejor en clase con las piezas de construcción y jugando en los charcos del patio.
Primaria:
Comenzaremos destacando la labor realizada por D. Alejandro, un profesor que bien podría ser el doble de Ben-Laden por su extraño parecido físico. En la memoria quedaran sus caramelos color verde repugnancia que le obligaban a esputar justo cuando te acercabas a su mesa para corregir las sumas y restas que con tanto esfuerzo nos enseñó. Cuando dejó de ser nuestro tutor, le acabamos apodando "chivo loco" porque siempre había tenido una barba muy larga que no dudaba en mesar con sus manos. Pasados unos años me enteré de que el padre de un alumno le había pegado un sillazo en su calva reluciente porque había dejado castigado a su hijo durante 15 minutos... Lamentable.
Un par de años más tarde la batuta de la enseñanza se la pasaron a Matilde, más conocida en las aulas del Antonio Machado de Alcobendas como Sapotilde, por el gran parecido facial que guardaba con los sapos. Por todos era sabido el pánico que le tenía a los espacios cerrados, de hecho todas sus clases se daban con la puerta abierta y por mucho que mis compañeros y yo nos esforzábamos por cerrarsela ella siempre la abría.
En esta misma épcoca también debemos destacar a Ángeles, puesto que fue mi primera profesora de inglés y la persona que me pasó a mi y a mis compañeros de escribir todo con lápiz a escribir con boli. Tenía un coche muy curioso. Era un 2CV amarillo al que los alumnos le apodábamos el Chatomovil, porque dicha profesora empleaba el trémino "Chato" para dirigirse de forma cariñosa hacía sus pupilos. Con ella también descubrimos lo ricas que pueden estar las Juanolas.
E. S. O
Debo hacer una pequeña reseña en el periódo de la ESO para distinguir los profesores correspondientes al colegio y al instituto, porque queramos o no el cambio fue sustancial.
Para terminar el colegio me gustaría recordar la inmensa figura de Marina. Y digo inmensa porque su tonelaje traseril la forzaba a dar todas sus clases de matemáticas sentada. Lo peor de todo es que sudaba mucho y cuando te acercabas a ella notabas cómo el rezume de sus sobácos hacía acto de presencia en la escena matemática. Con ella aprendí que podía sacar dieces en matemáticas y casi casi hizo que me gustase esa asignatura.
Para el final de mi época en el cole he reservado al que considero mi mejor profesor, D. Crescencio. A este hombre el don se lo dieron nada más nacer, y se lo merecía sin duda alguna. Educado, ilustrado, inteligente, culto, simpático... tenía todo lo que un buen proferor debe tener para convertirse en un tipo querido por todos. Sus clases de historia eran increíblemente realistas, pues por medio de los gestos, los dibujos y su palabra consguía crearnos imágenes mentales con todo lujo de detalles. Todavía recuerdo la clase en la que nos explicó como el general Aníbal atravesó los Alpes con un ejercito de elefantes. Su fuerte era la Historia, pero sabía de todo: Literatura, Geografía, Dibujo, Arte... Era un tío culto.
Ya en el instituto, tengo que subrayar la figura de Jose, profesor de Educación Física que por desgracia tuve que sufrirlo durante dos años consecutivos. El tipo era machista, chuleta, cansino y a mi me las hacía pasar canutas tres veces por semana. Cabe recodar que en aquella época yo estaba pasadito de kilos y lo pasaba realmente mal cada vez que nos sacaba al patio a hacer el test de Cúper. Cada vez que me tocaba clase con él, rezaba con la esperanza de que ese día no hubiese ido a trabajar.
Bachillerato:
Una de mis mejores épocas estudiantiles porque por fin me interesaban las materias que estudiaba.
La primera profe que me viene a la mente de ésta época es Aurora. Una profesora de economía y un torbellino como mujer porque era puro nervio y no se callaba ni pidiéndoselo por favor. Según ella el gasto en desodorante era un gasto inútil puesto que con un poquito de bicarbonato se conseguía el mismo efecto. Lametablemte se equivocaba y nosotros tuvimos que sufrir su error diariamente. Uno de los momentos memorables fue la excursión a Mercamadrid, en la que nos rempensó con un momento inolvidable: estábamos viendo las intalaciones de Mercamadrid con con los directores y gerentes de la infraestructura cuando de repente en la lejanía ella vislumbra un montón de manzanas tiradas en la calle al lado de un trailer. Ni corta ni perezosa salió zumbando, bolsa de Mercadona en mano, y allí se puso a recoger manzanas que según ella estaban perfectamente comestibles. No obstante aprendí un montón de economía e incluso tuvimos que crear una sociedad mercantíl desde caro a modo de trabajo de fin de curso.
Cambiando de género nos encontramos con Ignacio, al que yo mismo bauticé cómo Antonio Álcantara por el gran parecido físico que guardaba con éste personaje de la serie Cuéntame. Aparte de profesor de historia, era y es el director del Ágora, por lo que muchos días ni siquiera dábamos clases porque se había escaqueado o tenía algún otro compromiso. Lo mejor de todo eran los exámenes: eran lo más subjetivos que os podáis imaginar pero no había problema en aprobar porque a los cinco minutos de empezar el examen, cogía y se bajaba a su despacho a fumar, con lo que los alumnos podíamos opinar sobre las diferentes preguntas e incluso debatir acerca de la respuesta más acertada.
En el mismo año también coincidí con Esteban, o Homer como se le conoce en el instituto. Tenía poco pelo, barriguita cervecera y barba de tres o cutro días. Tenía mal genio pero si se hacían las cosas bien eran un sujeto carismático.
¿Y cómo no recordar al hijoputa del medio dedo? Profesor de filosofía y un hombre (por llamarlo de alguna manera) muy pesado. Pensaba que su asignatura era el epicentro del universo y una vez a punto estuve de empotrarle contra la pizarra. Me costó sudor, lágrimas y casi sangre aprobar su dichosa asignatura. Lo de mediodedo es porque del pulgar sólo conservaba media falange y se esforzaba sin éxito en esconder esta malformación cerrando el puño.
FP
Nueva época, nuevos compañeros y nuevo edificio. Sin duda el mejor período como estudiuante.
En primera línea nos encontramos a Justo, un hombre querido por todos y al cual yo ya le conocía pues en bachillerato había sido mi profesor de Gestion y Administracion de Empresas. Era uno de esos profesores que le gusta debatir con sus alumnos acerca cualquier cosa que tuviese que ver con el mundo del comercio o de cualquier cosa en general. Sabía mucho de empresas privadas y del mundo del motor también, lo cual, para mí era maravilloso. Te enseñaba sin que te dieses cuenta.
La última fémina a destacar fue Inés. ¿qué queréis que os cuente? Me limitaré a transmitiros la anécdota que os prometi hace ya unas cuantas entradas: Era el primer examen de Transporte Internacional y en aquél momento me estaba sacando el teórico de conducir, por lo que el tiempo de estudio tenía que repartirlo equitativamente. El día anterior a un exámen suyo no tenía mucho tiempo y decidi apuntarme en un papel de curiosas dimensiones (ejem) un vocabulario de inglés que sabíamos que iba a entrar para estuadiármelo en la autoescuela. Al día siguiente, en el exámen, allí, debajo de la tapa de la calculadora apareció el maldito papel y como os imaginaréis Inés no tardó en darse cuenta de que eso era una chuleta. La consecuencia fue un cero en el exámen y suspenso automático del trimestre. Después de hablar con ella la convencí para volver a examinarme de esa parte "chuletesca" y de la segunda parte del trimestre. Afortunadamente aprobé sin problemas y encima con muy buena nota. Ese día de la chuleta me sentí fatal conmigo mismo y solo quería desaparecer de la faz de la tierra. No obstante, al final esa anédota es recordada con cariño por Inés y por mis propios compañeros, a lo que, de alguna manera, les había defraudado.
Para finalizar me gustaría cerrar la entrada con Jesús. Profesor de GACI (Gestion Administrativa del Comercio Internacional) y Financiación. A parte de ser un hombre inteligente, era simpático y no dudaba en recurrir a su humor acído para romper el hielo cuando una clase suya se hacía soporífera, lo cual no era muy raro porque Gaci se las traía... Para mí era un un profesor al que le guardaba un profundo respeto, por el mero de hecho de la amplia cultura que albergaba en su mente. Lo curioso fue que el otro día tuve que recurrir al libro de Gaci y todo lo que leía en él me parecía lógico y sencillo de entender. Me pareció extramadamente fácil de entender.
Me he dajado algunos profesores en el tintero, pero si no los he nombrado es porque no guardo recuerdos bonitos de ellos o no hicieron méritos para ser recordados.
Preescolar:
¿Qué duda cabe? En este apartado gana por goleada mi primera profesora: Mª Jesús, probablemente la profesora que recuerde con más cariño por aquello de ser la primera de la lista. Era la encargada de entretenerme durante unas pocas horas al día y también se encargó de inculcar valores como la amistad o confianza en mí (aunque yo no me diese cuenta de ello). En el recuerdo quedarán frases como "cremallera y doble candado" para que todos permaneciésemos calladitos, la cartilla de Micho; donde aprendimos las cosas más básicas o el juego de quedarsetotalmente quietos. Posteriormente me contó mi madre que pasé cerca de un mes llorando todos los días cuando ella me dejaba con Mª Jesús. Luego descubrí que estaba mejor en clase con las piezas de construcción y jugando en los charcos del patio.
Primaria:
Comenzaremos destacando la labor realizada por D. Alejandro, un profesor que bien podría ser el doble de Ben-Laden por su extraño parecido físico. En la memoria quedaran sus caramelos color verde repugnancia que le obligaban a esputar justo cuando te acercabas a su mesa para corregir las sumas y restas que con tanto esfuerzo nos enseñó. Cuando dejó de ser nuestro tutor, le acabamos apodando "chivo loco" porque siempre había tenido una barba muy larga que no dudaba en mesar con sus manos. Pasados unos años me enteré de que el padre de un alumno le había pegado un sillazo en su calva reluciente porque había dejado castigado a su hijo durante 15 minutos... Lamentable.
Un par de años más tarde la batuta de la enseñanza se la pasaron a Matilde, más conocida en las aulas del Antonio Machado de Alcobendas como Sapotilde, por el gran parecido facial que guardaba con los sapos. Por todos era sabido el pánico que le tenía a los espacios cerrados, de hecho todas sus clases se daban con la puerta abierta y por mucho que mis compañeros y yo nos esforzábamos por cerrarsela ella siempre la abría.
En esta misma épcoca también debemos destacar a Ángeles, puesto que fue mi primera profesora de inglés y la persona que me pasó a mi y a mis compañeros de escribir todo con lápiz a escribir con boli. Tenía un coche muy curioso. Era un 2CV amarillo al que los alumnos le apodábamos el Chatomovil, porque dicha profesora empleaba el trémino "Chato" para dirigirse de forma cariñosa hacía sus pupilos. Con ella también descubrimos lo ricas que pueden estar las Juanolas.
E. S. O
Debo hacer una pequeña reseña en el periódo de la ESO para distinguir los profesores correspondientes al colegio y al instituto, porque queramos o no el cambio fue sustancial.
Para terminar el colegio me gustaría recordar la inmensa figura de Marina. Y digo inmensa porque su tonelaje traseril la forzaba a dar todas sus clases de matemáticas sentada. Lo peor de todo es que sudaba mucho y cuando te acercabas a ella notabas cómo el rezume de sus sobácos hacía acto de presencia en la escena matemática. Con ella aprendí que podía sacar dieces en matemáticas y casi casi hizo que me gustase esa asignatura.
Para el final de mi época en el cole he reservado al que considero mi mejor profesor, D. Crescencio. A este hombre el don se lo dieron nada más nacer, y se lo merecía sin duda alguna. Educado, ilustrado, inteligente, culto, simpático... tenía todo lo que un buen proferor debe tener para convertirse en un tipo querido por todos. Sus clases de historia eran increíblemente realistas, pues por medio de los gestos, los dibujos y su palabra consguía crearnos imágenes mentales con todo lujo de detalles. Todavía recuerdo la clase en la que nos explicó como el general Aníbal atravesó los Alpes con un ejercito de elefantes. Su fuerte era la Historia, pero sabía de todo: Literatura, Geografía, Dibujo, Arte... Era un tío culto.
Ya en el instituto, tengo que subrayar la figura de Jose, profesor de Educación Física que por desgracia tuve que sufrirlo durante dos años consecutivos. El tipo era machista, chuleta, cansino y a mi me las hacía pasar canutas tres veces por semana. Cabe recodar que en aquella época yo estaba pasadito de kilos y lo pasaba realmente mal cada vez que nos sacaba al patio a hacer el test de Cúper. Cada vez que me tocaba clase con él, rezaba con la esperanza de que ese día no hubiese ido a trabajar.
Bachillerato:
Una de mis mejores épocas estudiantiles porque por fin me interesaban las materias que estudiaba.
La primera profe que me viene a la mente de ésta época es Aurora. Una profesora de economía y un torbellino como mujer porque era puro nervio y no se callaba ni pidiéndoselo por favor. Según ella el gasto en desodorante era un gasto inútil puesto que con un poquito de bicarbonato se conseguía el mismo efecto. Lametablemte se equivocaba y nosotros tuvimos que sufrir su error diariamente. Uno de los momentos memorables fue la excursión a Mercamadrid, en la que nos rempensó con un momento inolvidable: estábamos viendo las intalaciones de Mercamadrid con con los directores y gerentes de la infraestructura cuando de repente en la lejanía ella vislumbra un montón de manzanas tiradas en la calle al lado de un trailer. Ni corta ni perezosa salió zumbando, bolsa de Mercadona en mano, y allí se puso a recoger manzanas que según ella estaban perfectamente comestibles. No obstante aprendí un montón de economía e incluso tuvimos que crear una sociedad mercantíl desde caro a modo de trabajo de fin de curso.
Cambiando de género nos encontramos con Ignacio, al que yo mismo bauticé cómo Antonio Álcantara por el gran parecido físico que guardaba con éste personaje de la serie Cuéntame. Aparte de profesor de historia, era y es el director del Ágora, por lo que muchos días ni siquiera dábamos clases porque se había escaqueado o tenía algún otro compromiso. Lo mejor de todo eran los exámenes: eran lo más subjetivos que os podáis imaginar pero no había problema en aprobar porque a los cinco minutos de empezar el examen, cogía y se bajaba a su despacho a fumar, con lo que los alumnos podíamos opinar sobre las diferentes preguntas e incluso debatir acerca de la respuesta más acertada.
En el mismo año también coincidí con Esteban, o Homer como se le conoce en el instituto. Tenía poco pelo, barriguita cervecera y barba de tres o cutro días. Tenía mal genio pero si se hacían las cosas bien eran un sujeto carismático.
¿Y cómo no recordar al hijoputa del medio dedo? Profesor de filosofía y un hombre (por llamarlo de alguna manera) muy pesado. Pensaba que su asignatura era el epicentro del universo y una vez a punto estuve de empotrarle contra la pizarra. Me costó sudor, lágrimas y casi sangre aprobar su dichosa asignatura. Lo de mediodedo es porque del pulgar sólo conservaba media falange y se esforzaba sin éxito en esconder esta malformación cerrando el puño.
FP
Nueva época, nuevos compañeros y nuevo edificio. Sin duda el mejor período como estudiuante.
En primera línea nos encontramos a Justo, un hombre querido por todos y al cual yo ya le conocía pues en bachillerato había sido mi profesor de Gestion y Administracion de Empresas. Era uno de esos profesores que le gusta debatir con sus alumnos acerca cualquier cosa que tuviese que ver con el mundo del comercio o de cualquier cosa en general. Sabía mucho de empresas privadas y del mundo del motor también, lo cual, para mí era maravilloso. Te enseñaba sin que te dieses cuenta.
La última fémina a destacar fue Inés. ¿qué queréis que os cuente? Me limitaré a transmitiros la anécdota que os prometi hace ya unas cuantas entradas: Era el primer examen de Transporte Internacional y en aquél momento me estaba sacando el teórico de conducir, por lo que el tiempo de estudio tenía que repartirlo equitativamente. El día anterior a un exámen suyo no tenía mucho tiempo y decidi apuntarme en un papel de curiosas dimensiones (ejem) un vocabulario de inglés que sabíamos que iba a entrar para estuadiármelo en la autoescuela. Al día siguiente, en el exámen, allí, debajo de la tapa de la calculadora apareció el maldito papel y como os imaginaréis Inés no tardó en darse cuenta de que eso era una chuleta. La consecuencia fue un cero en el exámen y suspenso automático del trimestre. Después de hablar con ella la convencí para volver a examinarme de esa parte "chuletesca" y de la segunda parte del trimestre. Afortunadamente aprobé sin problemas y encima con muy buena nota. Ese día de la chuleta me sentí fatal conmigo mismo y solo quería desaparecer de la faz de la tierra. No obstante, al final esa anédota es recordada con cariño por Inés y por mis propios compañeros, a lo que, de alguna manera, les había defraudado.
Para finalizar me gustaría cerrar la entrada con Jesús. Profesor de GACI (Gestion Administrativa del Comercio Internacional) y Financiación. A parte de ser un hombre inteligente, era simpático y no dudaba en recurrir a su humor acído para romper el hielo cuando una clase suya se hacía soporífera, lo cual no era muy raro porque Gaci se las traía... Para mí era un un profesor al que le guardaba un profundo respeto, por el mero de hecho de la amplia cultura que albergaba en su mente. Lo curioso fue que el otro día tuve que recurrir al libro de Gaci y todo lo que leía en él me parecía lógico y sencillo de entender. Me pareció extramadamente fácil de entender.
Me he dajado algunos profesores en el tintero, pero si no los he nombrado es porque no guardo recuerdos bonitos de ellos o no hicieron méritos para ser recordados.
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