Huyendo de mis pecados

miércoles, 8 de octubre de 2008

A principos de Julio comencé a salir a correr por las tardes, principalmente porque unos compañeros del trabajo me lo recomendaron y porque las tardes en verano se me hacían eternas. Al principio corría diez minutillos y acababa muerto, pero con el paso del tiempo y el entrenamiento he llegado a correr durante algo más de cuarenta y cinco minutos sin sofocarme ni darme mareos. De pequeño en el colegio / instituto odiaba hacer el test de Cooper porque estaba muy pasado de kilos y siempre terminaba echando los higadillos y maldiciendo a la profesora de gimnasia (vale, educación física para que nadie se enfade). Pero ahora la cosa es distinta y es un ejercicio relamente bueno que hace trabajar duramente al corazón y un montón de músculos más. No obstante, yo no lo practico para estar más en forma o adquirir resistencia. Lo hago porque cuando tengo la cabeza colapsada de pensamientos, mi cerebro me avisa y es entonces cuando decido salir a la calle a correr. Los principales beneficios que me reporta son que después de un tiempo en el que solo me acompaña el compás de mi corazon, mi cabeza logra despejarse, consigo liberarme de los pensamientos que me atormentan y centro toda mi atención en la respiración y en el sonido de las intermitentes pisadas. Además, al día siguiente me levanto como nuevo después de dormir toda la noche del tirón y sin ningún tipo de pesadilla o sueño.
Ayer mismo llegué a casa después de trabajar y hacía muy mala tarde pero no me lo pensé dos veces y me eché a la calle (eso ha sonado en plan puti no?) en busca de la tranquiladad y la estabilidad pensativa que mi cerebro me demandaba. Salí con pantalones cortos y camiseta corta y como os podéis imaginar me calé enterito, pero lo mejor de todo es que no me importó lo más mínimo. Hubo un punto en el que ya no era capaz de distinguir si lo que me caía por la frente era sudor o era la lluvia que se escurría por mi cuerpo, empapando la ropa y enfriando mis pensamientos.
Aunque ayer también me dí cuenta de otra cosa. Aparte de correr para despejarme, corro porque huyo de mis pecados. Me explico: hubo un momento en el que no podía más, estaba a punto de parame y regresar a casa a resguardarme de la lluvia que en aquel momento empapaba las calles de Alcobendas y de buena parte de la Comunidad de Madrid, pero en vez de eso aumenté el ritmo porque "sentía" como todos mis pecados me perseguían. No, no me he vuelto loco, aún... pero era una sensación extraña, nunca antes había sentido tal cosa y además creo que el próximo día me volverá a suceder lo mismo.
Pienso seguir saliendo a correr durante todo el invierno, siempre y cuando encuentre un ratillo para hacerlo. Es la única manera que tengo de extrapolar los pensamientos de mi cabeza y también me gusta ver como cada día me supero un poquito más.

3 comentarios:

Sara dijo...

Dani amante del deporte... Ahora sí que creo que lo he visto todo! ;)

Me alegro mucho de que hayas encontrado una forma de desconectar un poco, y si encima te vas a poner buenorro pues mejor que mejor, no?

Cuídate!

Kratos dijo...

Que me voy a poner buenorro???

Perodona, chata, pero como me ponga MÁS buenorro no voy a dejar nada para el resto.jajajjaja

Anónimo dijo...

Te entiendo perfectamente, es una manera genial de desahogar los pensamientos, lastima que a mi me lo han prohibido. En cuanto a lo del fisico....yo que te puedo decir, echo de menos los mofletes que tenias de peque, jejeje.
besitos, ana.