Durante décadas, las más brillantes mentes de la N.A.S.A. llevan buscando vida inteligente a lo largo y ancho de nuestro sistema solar, y la verdad es que no me extraña nada que la busquen en otros planetas porque lo que es aquí... poquito. Más bien nada.
Como todos sabemos en España a día de hoy existen muchos problemas, como el paro, el terrorismo, inmigración... etc, pero me vengo fijando últimamente en un colectivo que a mi entender no generan nada bueno para la sociedad: los adolescentes.
No es que yo haya dejado de sentirme jóven (queda algún tiempo para que eso pase) pero desde luego ya no soy ningún chavalín al que se le pueda englobar dentro de la edad del pavo. Pero el problema que hay (que tenemos todos) es que dicho colectivo está escribiendo día tras día las páginas de una obra fúnebre tanto física como extracorporalmene hablando.
Estos personajes, porque son personajes, vaguean día sí y día también en el instituto (cuando van) y en su mente, con esa minúscula neurona que les queda, sólo ronda el pensamiento de a qué precio se encontrarán la Fanta limón y la Coca-Cola para comprarla el sábado y emborrachárse hasta perder el sentido ya en la mañana del Domingo en cualquier esquina de mala muerte.
Por supuesto son niños bien, con su ropita de marca, sus añillos de oro en los dedos, móviles ultramodernos y una actitud desafiante y pasota ante la vida. Faltan al respeto a todo y a todos los que se cruzan en su camino (autoridad includa) y espetan que la bebida con los "colegas" es su refugio ante una sociedad que no los entiende y que los margina ante las espectativas que nunca podrán cumplir por la fuerte presión a la que están sometidos. Pobrecitos... Y además no pueden ir a un garito donde las copas cuestan mucho dinero. Pues sí, cuestan mucho dinero y si no lo tienes, o mejor dicho, tus padres no te lo dan, pues buscas otras alternativas de ocio al alcance de tu bolsillo o simplemente te tomas dos en vez de beber cual rinoceronte sediento en una sabana africana. También cabe la posibilidad de emborracharte en tu casa, delante de tus papis (algunos seguro que lo ven bien) y molestas y ensucias tu querido hogar.
Sinceramente me da pena porque estos se supone que son los que tienen que venir desde atrás empujando fuerte, marcando el tempo del desarrollo social, con sus inquitudes, con sus reclamaciones, sin influencias negativas de ningún tipo. Y en lugar de eso nos encontramos con gentecilla que no son más que un puñado de estiércol mal prensado que no sirve ni para dar de comer a los cochinos. Es más, los cerdos tienen más modales, y si me apuras más inquietudes que estos malnacidos que se creen muy maduros para unas cosas pero que demuestran una inmadurez innata para casi todas las cosas.
No son capaces de ver más allá de lo que sus ojos les permiten porque su cerebro hace tiempo que les abondonó en busca de algo mejor que hacer y espero por mi propio bien que su hígado también les abandone en algún momento.
Luego podríamos entrar en el tema de que los padres son absoluta y directamente responsables de todo este caos en el que nos tienen y tienen sumidos a sus propios hijos, pero claro esos padres también van a su puta bola y están más centrados en organizar el próximo viaje a Las Bermudas o en beneficiarse a la nueva/o secretaria/o de su oficina hasta bien entrada la noche, que en transmitir los valores adecuados a la sangre de su sangre. Yo desde luego, si algún día tengo hijos, en mi mente está muy claro qué es lo que tengo que transmitirles, pues si de una cosa estoy seguro al cien por cien en esta vida que me ha tocado vivir, es que los valores y la educación que mi madre y mi entorno me otorgaron son los necesarios para llevar una vida estable y coherente. Con fallos y aciertos como todo, pero excelentes y útiles en toda su magnitud.
Para que el pupilo supere al maestro, hay que invertir dedicación, paciencia y altas dosis de atención
Como todos sabemos en España a día de hoy existen muchos problemas, como el paro, el terrorismo, inmigración... etc, pero me vengo fijando últimamente en un colectivo que a mi entender no generan nada bueno para la sociedad: los adolescentes.
No es que yo haya dejado de sentirme jóven (queda algún tiempo para que eso pase) pero desde luego ya no soy ningún chavalín al que se le pueda englobar dentro de la edad del pavo. Pero el problema que hay (que tenemos todos) es que dicho colectivo está escribiendo día tras día las páginas de una obra fúnebre tanto física como extracorporalmene hablando.
Estos personajes, porque son personajes, vaguean día sí y día también en el instituto (cuando van) y en su mente, con esa minúscula neurona que les queda, sólo ronda el pensamiento de a qué precio se encontrarán la Fanta limón y la Coca-Cola para comprarla el sábado y emborrachárse hasta perder el sentido ya en la mañana del Domingo en cualquier esquina de mala muerte.
Por supuesto son niños bien, con su ropita de marca, sus añillos de oro en los dedos, móviles ultramodernos y una actitud desafiante y pasota ante la vida. Faltan al respeto a todo y a todos los que se cruzan en su camino (autoridad includa) y espetan que la bebida con los "colegas" es su refugio ante una sociedad que no los entiende y que los margina ante las espectativas que nunca podrán cumplir por la fuerte presión a la que están sometidos. Pobrecitos... Y además no pueden ir a un garito donde las copas cuestan mucho dinero. Pues sí, cuestan mucho dinero y si no lo tienes, o mejor dicho, tus padres no te lo dan, pues buscas otras alternativas de ocio al alcance de tu bolsillo o simplemente te tomas dos en vez de beber cual rinoceronte sediento en una sabana africana. También cabe la posibilidad de emborracharte en tu casa, delante de tus papis (algunos seguro que lo ven bien) y molestas y ensucias tu querido hogar.
Sinceramente me da pena porque estos se supone que son los que tienen que venir desde atrás empujando fuerte, marcando el tempo del desarrollo social, con sus inquitudes, con sus reclamaciones, sin influencias negativas de ningún tipo. Y en lugar de eso nos encontramos con gentecilla que no son más que un puñado de estiércol mal prensado que no sirve ni para dar de comer a los cochinos. Es más, los cerdos tienen más modales, y si me apuras más inquietudes que estos malnacidos que se creen muy maduros para unas cosas pero que demuestran una inmadurez innata para casi todas las cosas.
No son capaces de ver más allá de lo que sus ojos les permiten porque su cerebro hace tiempo que les abondonó en busca de algo mejor que hacer y espero por mi propio bien que su hígado también les abandone en algún momento.
Luego podríamos entrar en el tema de que los padres son absoluta y directamente responsables de todo este caos en el que nos tienen y tienen sumidos a sus propios hijos, pero claro esos padres también van a su puta bola y están más centrados en organizar el próximo viaje a Las Bermudas o en beneficiarse a la nueva/o secretaria/o de su oficina hasta bien entrada la noche, que en transmitir los valores adecuados a la sangre de su sangre. Yo desde luego, si algún día tengo hijos, en mi mente está muy claro qué es lo que tengo que transmitirles, pues si de una cosa estoy seguro al cien por cien en esta vida que me ha tocado vivir, es que los valores y la educación que mi madre y mi entorno me otorgaron son los necesarios para llevar una vida estable y coherente. Con fallos y aciertos como todo, pero excelentes y útiles en toda su magnitud.
Para que el pupilo supere al maestro, hay que invertir dedicación, paciencia y altas dosis de atención
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