Tipos de jetas

lunes, 15 de marzo de 2010

Hay que reconocer que los “jetas” tienen unos dones innatos. Aunque sabemos que hay algunos que también han ido perfeccionando sus técnicas con el paso de los años. “Escaquearse” y hacerse invisible en el trabajo es su objetivo. Pero cuando ellos “no están”, sus “marrones” siguen ahí. Y tú sólo deseas encontrártelos y mandarles muy lejos… Para siempre.

Igual que en cada empresa, oficina o fábrica hay un aseo, un dispensador de agua, o un cartel con el nombre de la marca, también encontramos siempre a un caradura dentro. O a más de uno. O bien, esta figura se va heredando (se marcha uno y su papel lo asume otro), o bien se reproducen por contagio.
En la revista Expansión & Empleo han hecho un trabajo de campo interesante, y han catalogado a estos seres expertos en llevarse los méritos a costa del trabajo de los demás y en ocupar en actividades “de ocio” su jornada laboral. Lamentamos no adjuntar imágenes, pero seguro que es fácil que le pongáis cara (dura) a cada uno de ellos. Los profesionales con don para no despeinarse en el trabajo son:

El caradura nato: Nacieron así, y por eso no tienen mala intención. Desde pequeños vieron que el mundo es un lugar donde se puede disfrutar sin hacer nada: hubo alguien que hacía los deberes por ellos, su madre no les obligaba a recoger su cuarto, y se aprovecharon de aquél/aquélla que se colgó hasta la médula por sus huesos para conseguir un buen enchufe.

El “jeta”: Llegas a la oficina, y él ya está allí. Te vas media hora más tarde, y sigue delante de su ordenador. Lo ves en todas tus reuniones y siempre que puede empieza una frase con la muletilla “yo hago”, “yo pienso”, “yo solucioné”. Pero en verdad es “tú no haces más que responder tus correos personales”, “tú piensas que nadie se da cuenta”, y “tú solucionaste lo del problema de aparcamiento del coche de tu mujer mientras esperábamos que llamaras a un cliente”. No le caben ya más medallas al mérito no merecido en la solapa.

El invisible: Si alguien te pregunta dónde está, dudas. Y dos segundos más tarde caes en la cuenta de que hace días que no le ves. Si tu proyecto necesita que todo el mundo esté implicado al máximo durante una semana determinada, él estará de vacaciones en ese momento, previa validación por parte de su superior. Su máxima es: “no des ideas, no vaya a ser que tengas que llevarlas a cabo”.

El jefe: Nadie sabe cómo llegó allí. Nadie sabe qué hace allí. Cuando hay una reunión, hablan sus responsables, a él nadie le convoca. ¿Alguien sabe su nombre? Eso sí, en las reuniones con la gerencia y el comité de dirección, por su boca sólo salen frase del tipo “hemos hecho”, “hemos mejorado”, y otras frases que explotan el uso del plural mayestático.

El absentista: No da abasto para ir a recoger y enviar partes de baja médica, que curiosamente se solapan con vacaciones, puentes y otros festivos. Los administrativos de su centro médico se han convertido en sus interlocutores. Alguna vez habéis pensado en hacer algún ritual esotérico para alejarle los malos espíritus que atacan su salud física.

El digital: Socializa a través de redes sociales con una aplicación con las que las gestiona todas a la vez, te deja comentarios en tu blog personal y sube las fotos de su fin de semana en Cantabria. Se podría considerar como el Community Manager de la empresa. Cuando te acercas a hablar con él en persona, se asusta. Has interrumpido sus tareas.

El paseante: Parece que necesite un mapa de la oficina, tres meses después. Siempre va deambulando con una carpeta en la mano, buscando las máquinas de café, o a algún compañero que vaya a hacer la pausa para el tabaco y al que le pueda pedir uno. ¿En qué está enfrascado? Nadie sabe en qué proyecto está porque nunca llegó a empezar ninguno.

Incluso en las peores condiciones, estos seres sobreviven. Adaptan sus costumbres a los nuevos entornos, incluso aunque domine en el ambiente el estrés por no llegar a los objetivos, o un posible expediente de regulación de empleo. Pero en el fondo, no les envidias. Sabes que, aunque quizá tú no lo verás, llegará el momento en el que la empresa no esté dispuesta a soportar más su incompetencia y falta de profesionalidad. No te dejes arrastrar por el lado oscuro del pasotismo en ningún momento

A los 23

jueves, 11 de marzo de 2010

Al cumplir veintitrés años me he dado cuenta de que la vida es un rato, es un momento el que estamos aqui (de paso) y desperdiciamos mucho tiempo en intentar conseguir una casa mayor, un coche más potente, ganar más dinero en un trabajo que en muchas ocasiones no es de ningún modo satisfactorio... ¿todo para qué? para tener más preocupaciones en la cabeza, para aparentemente progresar en esa carrera de fondo que todos tenemos, para acortar la vida útil con preocupaciones innecesarias y estrés cardiaco, para esforzarte más y disfrutar menos, para enfadarte por cosas sin sentido...
Hay que aprovechar cada segundo, hay que disfrutar al máximo de cada instante que nos brinda la vida porque puede ser que se convierta en el último, y de esta manera cuando todo acabe, tener la certeza de que si tuvieses la posibilidad de volver a empezar, harías otra vez todo lo que hiciste. Volver a vivir la vida de la misma manera, eso significaría que tu vida ha sido plena y has hecho lo que realmente setías en cada momento.
Me gustaría tener la certeza de que eso será así cuando llegue el otoño de mi vida.

A parte de esta pequeña reflexión con ciertos tintes melancólicos, el lunes fue un día bastante bueno para mi, sobretodo porque me di cuenta de un montón de pequeños detalles que a mi me llenan mucho. Son ese tipo de detalles que normalmente y pese a que soy bastante observador, pasas por alto erroneamente. Erroneamente porque son cositasque me han gustado mucho y que por supuesto también he valorado muchísimo.
Lamentablemente también he percibido detalles que no me han gustado nada en absoluto, pero que a su vez tampoco me han supuesto una gran decepción porque eran cosas que se veían venir allí en la lejania. Es como cuando ves un alud de nieve: empiezan resvalando cuatro copos guarrindongos en la cresta de un pico lejano pero sabes que se irá haciendo más y más grande y finalmente, te pongas como te pongas te arrollará. Y eso es a grandes rasgos es lo que ha ocurrido, me he topado con sorpresones, sorpresas desagradables, sorpresas sorprendentes y sorpresillas.
No sé si me habré o si me estaré equivocando en algo (creo que no) con ciertas personas, pero en cualquier caso estoy dejando de lado mi rencor y siempre intentaré ir de frente con las personas. Me molestan algunas situaciones no generadas por mí, porque me siento un poco impotente y sobretodo no puedo quitarmelas de la cabeza. ¿debería? pues sí, porque igual no merece la pena ni intentar arreglarlo (no me corresponde a mi) y a fin de cuentas quizá es mejor que haya pasado ahora que no dentro de 2 o 5 años. No lo sé, aunque espero saberlo no dentro de mucho tiempo.

C-O-C-H-E

miércoles, 3 de marzo de 2010

El parking de mi trabajo es llevar el concepto de aparcamiento mucho más lejos de lo que todos conocemos porque no aparcas sino que literalmente se trata de apelotonar los choches para que entren el mayor número posible. Es como jugar al tetris pero con coches y así pasa, que cuando alguien necesita sacar su vehículo montamos un circo que la calle parece más un desfile de una feria automovilística que una calle corriente.
Lo curioso es que esta mañana mi jefa me ha pedido que moviera su coche porque ella estaba reunida y no podía escaparse. Yo por supuesto encatado de la vida porque me encanta conducir y si es un coche de otro mejor que mejor, porque cada uno es único con sus propias características y reacciones.
El coche en cuestión es un Renault Megane F1, lo que se traduce en que es una serie limitada a 150 unidades en España y que desarrolla 240 caballos. (para que os hagais una idea un coche "básico" de calle tienen entre 65-80 c.v). Hace tiempo que a mi los Renault me dejaron de gustar, no por nada, sino porque llega un día en el que una marca directamente no te atrae. Eso y sus precios desorbitados, junto con una estética algo extraña.
Pero, ¡ay amigo! 240 cv son muchos y te premiten hacer diabluras, especialmente en circuitos, pero lamentablemente esas diabluras las he tenido que dejar aparcadas porque ha sido una vueltecita rápida. Ha sido una de esas cosas que las piensas en el momento porque yo sólo tenia que mover el coche un par de metros pero ¡qué cojones, ya que estamos!. Ya no son sólo los caballos, es el ruido del motor al arrancar y al acelerar que parece un enjambre de abejas acercandose zumbándo hacia ti, es el tacto `racing` de los pedales con un embrague corto diseñado para hacer salidas rápidas, los asientos que te agarran como si de una nave espacial se tratase, los neumáticos que se pegan como una ventosa a un asfalto impaciente por recibir su paso... Es díficil describirlo con palabras incluso para un auténtico enamorado de los coches como yo.
Habrá gente que diga, "pero sigue siendo un coche que te lleva del punto A al B y además de 120 no puedes pasar". Sí, es cierto eso es así, pero la manera de ir de un punto a otro difiere mucho de si llevas un coche divertido o aburrido y es cierto que de cientoveinte no puedes pasar pero la manera de llegar a esa velocidad difere de uno a otro. Son matices que hacen que la industria de la automoción no cese en su intento de buscar nuevas ideas que mejoren el medio ambiente, abaraten costes, se busquen mejoras de rendimiento, estéticas nuevas y originales... Hay un sin fin de posibilidades.



De todas formas esto no me ha quitado de la mente el "capricho imposible" que tengo en mente y que es más una utopía que otra cosa. A mi el coche que realmente me gustaria tener es este:



Es un Ford Focus RS. Ahí donde le véis este pequeñín guarda bajo el capó 305 caballos de vapor. A parte de eso a mi los Ford... qué queréis que os diga, me tiran, me tiran mucho pese a que mi querido Fiesta me dio más problemas de los que hubiese querido. Si no me hubiese fallado tanto ahora mismo lo tendría aparcado en mi garaje. Para mi tienen un "algo especial" que de momento no lo he notado en otros coches. Quizá también influye el hecho de que fue mi primer coche pero tranquilos que volveré a esa marca y quién sabe si con un Focus Rs. Soñar es muchísimo más barato que ese coche.

Con mono

lunes, 1 de marzo de 2010

Como sabéis por mi última entrada he tenido un problemilla en el oído y eso me ha impedido realizar durante las últimas tres semanas el que ahora se ha convertido en mi hobby favorito: tocar la batería. No he podido ni tocar la de mi casa, ni asistir a los ensayos porque tenía que evitar a toda costa los volúmenes altos y sonidos estridentes para protegerlos y ponerme bien cuanto antes.
Ha sido duro y algunas tardes ya no aguantaba más y me he tenido que sentar a aporrear los platos y demás con la batería apagada para liberar un poco esa rabia y ese estrés que llevo dentro. Pero bueno lo importante es que por fin parece que mejoro bastante y este sábado espero poder acudir a mi cita musical.

¿Durante tres semanas has estado parado? No, ni loco vamos. Principalmente he estado practicando
rudimentos que no son otra cosa que ejercicios que se hacen con ambas manos para adquirir principalmente velocidad y destreza en las muñecas. Son muy útiles sobretodo si lo haces sobre almohadas o cojines como es mi caso. Con ello haces trabajar mucho más la velocidad del rebote (al ser una superficie blanda eres tú el que tiene que traer la baqueta de vuelta y no el material sobre el que golpeas) y luego a la hora de tocar en una bateria notas muchísimo la diferencia.

También me han pasado el nombre de algunas academias para aprender a tocar la batería porque a mi las cosas me gusta hacerlas bien y reconozco que algo de ayuda me vendría fenomenal. Ahora es cuestión de ver opiniones de gente, precios, horarios, disponibilidad... Es un poco coñazo pero merecerá la pena.

Y como no, por supuesto he estado inflándome a ver covers de gente en youtube porque se aprende mucho viendo versiones de canciones de AC/DC, Pantera, Motorhead, Metallica... los grandes vamos. Ver estos vídeos me ha recordado ciertos bateristas con una técnica de 0 patatero que se esfuerzan en moverse enérgicamente intentando demostrar lo fuertotes que son o eran ellos por aporrear sin parar un platillo hasta que el sonido te perfora el tímpano de lo mal que tocaban... Compensan su falta de técnica con aspavientos más propios de un ataque de epilepsia. Tocar la batería exige mucho ritmo y es cierto que ese ritmo se transmite incoscientemente al cuerpo pero de ahí a las cosas que he visto... hay un gran paso.

Os dejo un video de un chaval llamado "cobus" que hace un motón de versiones. Este como podéis ver transmite ritmo y energia pero a su vez posee una gran técnica pero como versiona canciones más bien actuales pues ¿para qué se le va a tener en cuenta verdad? Total donde esté la nostalgia de los cojones...