La idea de emanciparse no fue fácil y antes de nada, tuvimos que mirar el tema económico y hacernos una pequeña idea de cuanto costaba "vivir". Parece un poco tonto pero realmente no te das cuenta del valor de las cosas hasta que te toca pagarlas. La comida, el agua, la luz, una cama... cuando por fin te decides, de la noche a la mañana pasas de estar en el Fnac mirando el último disco de tu grupo favorito para comprártelo a conocerte al dedillo todas y cada una de las secciones del archiconocido Ikea para poder comprar una silla en la que aposentar tus nalgas. Es un cambio brusco y se nota, porque tienes que decidir si esa noche cenas o te compras un capricho y obviamente te decantas por cenar porque es más necesario. Cuesta un poco porque como he dicho es un cambio brusco y en nuestro caso ha sido de la noche a la mañana pero en el fondo te sientes orgulloso y valoras mucho más el comprar alimentos con la que poder hacer una rica comida a comprarte un capricho.
El primer fin de semana fue muy cansado porque se podría resumir de la siguiente manera. Corre-compra-carga-lleva-descarga-sube-monta-me cachis en to´que no entra la pieza-vuelve a correr-y ahora qué cenamos? -dónde carajo echamos el aceite que ha sobrado?-son las doce ya?-no me puedo dormir de lo cansado que estoy-mañana vamos a por el sofa-a las 4 estamos en el Ikea y compramos cosas-vamos a mi casa que me quiero traer la batería-vale y mañana a la mía que necesito ropa-cuántos zapatos tienes?!?-hacemos palomitas?-nos vamos a la cama que mañana hay que levantarse pronto y espero oír el despertador...-
Ha sido un poco caótico pero bueno poco a poco y día tras día cuando por fin llegas a tú casa te das cuenta de que se va pareciendo a una casa normal, aunque las cajas que hay por el suelo se empeñen en demostrar lo contrario.
También hay tiempo para echar de menos a los tuyos, y tiempo para pensar ¿qué estarán haciendo en este momento? y por supuesto lo echas en falta porque tu vida estaba arqueada de una manera, con tus horarios, tus rutinas, y ahora te topas con que todo eso ya no vale y tienes que reorganizar absolutamente todo. No obstante, una cosa no quita a la otra, quiero decir, el emanciparse no significa desaparecer de la faz de la tierra y vivir única y exclusivamente con una persona. Es distinto, se trata de pasar más tiempo con esa persona SIN olvidarte de que ahí fuera sigue habiendo un mundo con sus cosas buenas y malas y con personas con las que has compartido multidud de cosas y con las que esperas seguir compartiendolas.
Yo estaba un poco como en una nube estos días, y no me percaté de que realmente me había independizado hasta ayer, cuando me puse a hacer una tortilla de patata, la cuál era la segunda que hacía en mi vida. Sería injusto decir que estaba riquísima porque no era cierto, pero a su vez tambíen sería falso decir que no había quién se la comiese... No era la mejor del mundo pero era comestible, aunque eso sí me fallaron las proporciones: demasiada patata para tan poco huevo... pero de sal estaba bien. Seguiré haciendola hasta que quede como a mi me gusta, poco hecha y muy tierna. La verdad es que más que una tortilla aquello parecía un disco de freno, sobretodo por el tamaño descomunal que tenía. Pero en el fondo, te sientes orgulloso de tu tortilla. Omelette Proud!!!
¿Menú para cenar hoy? no lo sé, creo que filetes de pollo.
Ya iré contando más cosillas de la emancipación...






