Son las doce la noche de un duro lunes y después de estar un rato viendo la tele decido que ya es hora de irse a la cama. Somnoliento y parcialmente agotado, mis cansadas nalgas y yo nos dirijimos a la cama con el fin de encontrar algo de tranquilidad y el descanso apropiado para levantarme despejado y relajado al día siguiente. Empezamos mal: no encuentro la postura idónea y empiezo a dar vueltas de un lado de la cama a otro, revolviendome cúal lombriz agobiada por la falta de humedad. Enciendo la radio para escuchar un ratito "El Largero" con el fin de distraerme y dormirme, pero sin mucha fortuna. En vez de distraerme me pongo a escucharlo con atención, a la vez que los pensamientos de mi cabeza continúan estorbándome y desvelándome. Suena las señales horarias en el transistor y me agobio aún más al ver que es la una de la madrugada y aún estoy despierto. Apago la radio pues lo único que ha conseguido ha sido distraerme y ni me ha calmado ni me ha tranquilizado. Entonces empiezo a darme la vuelta de izquierda a derecha y parece como si las ideas se tambaleasen de un hemisferio de mi cerebro a otro y cuando me pongo boca arriba todas se entremezclan y el caos se apodera de mi cabeza.
Finalmente me pogo en mi pose favorita, esa que tantas buenas noches me ha dado y con la que tan buenos sueños he tenido. Me pongo boca abajo y en ese instante las ideas no se aclaran pero al menos se organizan a izquierda y derecha. Sin tumultos, sin complicaciones. Cada una de ellas tiene su lugar. Me tranquilizo y noto como el latido de mi corazón disminuye su ritmo excitado mientras mis párpados comienzan a pesar cada vez más.
Lamentablemente me despierto al día siguiente y las dos ideas presentes la fría noche anterior continúan hoy en mi cabeza. No sé qué hacer... 

0 comentarios:
Publicar un comentario