¿Verdad o mentira?

miércoles, 6 de octubre de 2010

El otro día estuve leyendo un interesantísimo debate en el que hablaban sobre qué era lo mejor: decir las cosas a la cara, sin pelos en la lengua o por el contrario callarse como una señorita de compañía e ir dando puñaladas por la espalda.
Siendo franco, yo no quise intervenir en tan interesante coloquio electrónico, pero si tengo que elegir una de las dos sin dudarlo un segundo me quedo con la verdad. La verdad es absoluta y siempre ha de ir por delante, porque haces menos daño y (no está demostrado) pero puede que recibas menos daño también. El problema de la verdad es que hay que tener tacto, conocer a la persona, elegir el momento idóneo y emplear las palabras más adecuadas. No se trata de personificar al doctor House sino de convertirse en un persona íntegra y contar las cosas tal y como se sienten. Vale, yo no soy el tío más honesto del mundo y tampoco soy el idóneo para hablar de estos temas pero desde luego no me considero ni un falso ni un mentiroso. Ya me considero a mí mismo bastantes cosas malas como para encíma añadir a la mezcla estas características tan poco favorables...
Recientemente descubrí cosas de personas de mi entorno habitual y la verdad es que no me gustaron un pelo, pero lo que menos me gustó fue la falsedad qué esas personas (en las que he confiado a ciegas durante mucho mucho tiempo) han demostrado delante mía durante todo este largo periodo. La verdad es que debería haberme mirado antes la espalda en un espejo para descubrir que lo que sentía en la espalda no era una contractura sino un cuchillo de veinte centímetros bien clavadito que llegó a tocar la médula espinal en sus últimos días...
Siempre lo he dicho y no dejaré de insistir en ello: a mi la gente de frente, con la verdad por delante y a ser posible con una sola la cara. No quiero gente que por delante te sonría y luego en cuanto te das la vuelta están soltando sapos y culebras sobre tí o sobre alguien que en realdiad sí es honesto.

Tampoco estoy hablando de ser un imbécil e ir contándolo absolutamente todo, eso es de idiotas y quien más quien menos siempre se guarda algo para uno mismo o algo que sabe que, aún siendo verdad, no es necesario contarlo. Bien porque es supercial o bien porque contándolo no lograría nada positivo.

En definitiva hay que contar la verdad puesto que es algo como la cera: si tiras sabes que va a doler y en ocasiones puede dejar marca, pero si no tiras te quedas con los pelos, el mal rollo, y todo lo demás. Mmm me ha quedado un poco afeminada esta comparación
...

2 comentarios:

Sara dijo...

Lo que dije en mi Facebook:

No me gusta la gente que dice las cosas a la cara. Son muy estomagantes. Que...esa gente que dice: "Yo voy con la verdad por delante". "Ah, ¿sí?. Pues a mí no me digas nada". Les digo yo siempre. O la gente que te dice: "Es que las cosas joden a la espalda". No perdona, las cosas joden a la cara. ¿A la espalda qué prob...lema hay?, ¿que te vayan a pitar los oídos?. Eso no está demostrao.

Y no es mío, lo saqué de un monólogo!

Kratos dijo...

Yeah I know, pero luego en concepto lo llevastéis mucho más allá y cada uno expresó su opión, incluida tu. ayyyy si es que te he enseñado un poco el capote y has entrado cual toro de lidia en Las Ventas. Esta entrada pa´ti jejejeje