Un pequeño dilema

jueves, 14 de octubre de 2010

Vengo a vosotros mis lectores a pediros un consejo ante un pequeño problema que me ha surgido hoy y que procedo a relataros brevemente:

Resulta que hace más de un mes compré un juego por ebay que me costó 14 euros (en España el mismo juego costaba 35€...) El caso es que yo envié el pago como siempre, me confirmaron que habian enviado el paquete pero las semanas pasaban y yo no recibia mi ansiada compra. Contacté con el vendedor en dos ocasiones y me confirmó que no sabía qué había podido ocurrir con el paquete y en correos no le podían facilitar más información acerca del paradero del juego por lo que a los pocos días me ingresó nuevamente el importe del pedido pero me comentó que confiaba en que él recebiría nuevamente el dinero de la compra en caso de que me llegase finalmente el dichoso jueguecito.
Pues bien, hoy lo he recibido aqui en trabajo y me encuentro en un dilema: por un lado debo pagarle porque a fin de cuentas he recibido lo que había comprado y di mi palabra de que lo pagaría. Pero por otro me ha sorprendido mucho porque el juego que he recibido esta en buenas condiciones pero usado, cuando él afirmaba en su anuncio que solo lo había probado una vez para ver que funcionada. Nada más ¿Qué hago yo ahora? ¿le pago y le mando un voto negativo porque el producto no es lo que él supuestamente vendía? ¿No lo pago y así me sale de gratis? ¿Hablo con él directamente para que me explique por qué el juego no es nuevo?
Mi conciecia y el código del ebay me dicen que pague pero no lo tengo yo tan claro... Si el juego hubiese sido un regalo me hubise hecho una buena faena. Eso también hay que tenerlo en cuenta porque la entrega no debía demorarse más de 15 días laborables.

Espero vuestros comentarios

Lasaña Volcanizada

jueves, 7 de octubre de 2010

¿Nunca os habéis planteado que ocurriría si os dejaséis alguna comida en el fuego/horno durante un tiempo y por un despite accidental? ¿y si cambiasemos la palabra "tiempo" por "toda la noche? Eso es amigos, ayer yo y mi desorganizada cabeza nos dejamos una lasaña precocinada en el horno durante toda una noche. La cosa parecía sencilla: sacarla del congelador (no había que precanlentar el horno ni nada porque había cenado una pizza... que sí estaba en su punto) y esperar 40 minutos. El caso es que yo a los 20 volví a ver cómo iba el asunto y vi la lasaña muy blancucha, con lo cual opté por darle chicha al horno y ponerlo a máxima potencia. Luego... bueno, luego ya vino mi despite. Me acosté sin acordarme ni por asomo de lo que se cocía en el horno y esta mañana nada más despertarme me pregunté a mismo: "¿yo no tenía algo dentro del horno? Por Dios, dime que esto es solo un sueño o que me he quedado traspuesto unos minutos..." Pero no, dormí plácidamente toda la nocha y al levantarme este ha sido el resultado:







Creo que sobran las palabras y sin palabras me he quedado yo cuando he visto este... predolo volcanizado. Luego vendrá la factura de la luz que no será baja precisamente, pero bueno, esa es otra historia que tendrá lugar en otro momento y quizá pueda subastar esta cosa por ebay como un "recuerdo del Teide" o algo así para pagarla. ¿Qué puedo hacer ahora? pues reirme e inmortalizar lo ocurrido.

Al llegar esta tarde me ha recibido un agradable olor a tostadillo que hay por toda la casa.

¿Verdad o mentira?

miércoles, 6 de octubre de 2010

El otro día estuve leyendo un interesantísimo debate en el que hablaban sobre qué era lo mejor: decir las cosas a la cara, sin pelos en la lengua o por el contrario callarse como una señorita de compañía e ir dando puñaladas por la espalda.
Siendo franco, yo no quise intervenir en tan interesante coloquio electrónico, pero si tengo que elegir una de las dos sin dudarlo un segundo me quedo con la verdad. La verdad es absoluta y siempre ha de ir por delante, porque haces menos daño y (no está demostrado) pero puede que recibas menos daño también. El problema de la verdad es que hay que tener tacto, conocer a la persona, elegir el momento idóneo y emplear las palabras más adecuadas. No se trata de personificar al doctor House sino de convertirse en un persona íntegra y contar las cosas tal y como se sienten. Vale, yo no soy el tío más honesto del mundo y tampoco soy el idóneo para hablar de estos temas pero desde luego no me considero ni un falso ni un mentiroso. Ya me considero a mí mismo bastantes cosas malas como para encíma añadir a la mezcla estas características tan poco favorables...
Recientemente descubrí cosas de personas de mi entorno habitual y la verdad es que no me gustaron un pelo, pero lo que menos me gustó fue la falsedad qué esas personas (en las que he confiado a ciegas durante mucho mucho tiempo) han demostrado delante mía durante todo este largo periodo. La verdad es que debería haberme mirado antes la espalda en un espejo para descubrir que lo que sentía en la espalda no era una contractura sino un cuchillo de veinte centímetros bien clavadito que llegó a tocar la médula espinal en sus últimos días...
Siempre lo he dicho y no dejaré de insistir en ello: a mi la gente de frente, con la verdad por delante y a ser posible con una sola la cara. No quiero gente que por delante te sonría y luego en cuanto te das la vuelta están soltando sapos y culebras sobre tí o sobre alguien que en realdiad sí es honesto.

Tampoco estoy hablando de ser un imbécil e ir contándolo absolutamente todo, eso es de idiotas y quien más quien menos siempre se guarda algo para uno mismo o algo que sabe que, aún siendo verdad, no es necesario contarlo. Bien porque es supercial o bien porque contándolo no lograría nada positivo.

En definitiva hay que contar la verdad puesto que es algo como la cera: si tiras sabes que va a doler y en ocasiones puede dejar marca, pero si no tiras te quedas con los pelos, el mal rollo, y todo lo demás. Mmm me ha quedado un poco afeminada esta comparación
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